Brexit: ¿nos irá mejor sin los ingleses?



La confusión en torno al Brexit tiene al menos un lado positivo: ya no hay ningún líder euroescéptico que planee irse de la UE. Sin embargo, la salida de Gran Bretaña será una pérdida para Europa. Sobre todo en un momento en el que la coalición franco-alemana ha perdido su fuerza.

En la incertidumbre general provocada por el Brexit hay una única, pero sólida certeza: salirse de la Unión Europea ha perdido completamente su atractivo. Aquellos que temían que otros países siguieran el ejemplo británico desembocando en una desarticulación progresiva, se han equivocado por completo. Ya no hay ningún líder euroescéptico que se proponga abandonar la UE. Los más emblemáticos son Matteo Salvini en Italia y Marine Lepen en Francia, que no han renunciado a demoler Europa para restablecer las soberanías nacionales, pero ahora optan por hacerlo desde dentro y no desde fuera. La construcción europea, que ya ha pasado por tantas crisis, va a superar sin lugar a dudas, aquella que ha sido la más alarmante de todas. Independientemente de que Gran Bretaña la abandone o no, la Unión sobrevivirá.





¿Será recuperará? La Unión sobrevivirá, pero debilitada. La amputación será demográfica (66 millones de habitantes, o sea, el 13%), militar (el único ejército real junto al francés), económica (15% del PIB), financiera (en la que sostiene con diferencia el primer puesto) e ideológica. La ruptura de Europa es un regalo que le hacemos a Donald Trump (que habla de “enemigos”) y a Xi Jinping (quien quiere establecer una “cinturón" alrededor del todo el continente desde Pekín hasta Roma).



¿La herida nos unirá más? Eso es por lo que apuestan los franceses: sin el bloqueo sistemático de los ingleses en Bruselas, por fin será posible relanzar la integración. Una vez despojadas del tercer “grande”, Francia y Alemania se unen para dirigir y consolidar el “eje Berlín-París”, firmando el tratado de Aquisgrán (d’Aix-la Chapelle). El camino está despejado para una Europa menos liberal, que deja de ser “solo un mercado” para convertirse de nuevo en “un proyecto”. Con el fin de promover “la protección”, dotarse de una financiación cimentada en el euro, así como de una economía orientada a la industria, desarrollar una tecnología para ayudar a sus campeones; y, finalmente, para construir una defensa autónoma. En resumen, transformarse en una verdadera soberanía.

¿Cuál será el resultado de todo esto? El estudio no es muy favorable al respecto. Los británicos estaban a la vanguardia en muchas áreas donde su conocimiento se va a echar en falta, como es el caso del medioambiente, la tecnología genética y, por supuesto, las finanzas y la defensa. En el caso de que la cooperación militar con Francia debiera continuar, tendría que hacer frente a una Alemania, fundamentalmente pacifista, que se niega a aumentar sus presupuestos. En cuanto a la construcción de una Europa del capital, tan fluida y global como la City, pero prescindiendo de ella, por ahora parece un desafío fuera de su alcance.

Entre los 27 restantes, la unidad no parece más fácil que cuando eran 28. La salida de Gran Breña deja desamparados a los pequeños países sin euro, que están perdiendo su liderazgo. Estos representan el 24% de los habitantes de la UE, pero están completamente marginados. Los pequeños países con euro, tanto del norte como del este, también están de luto por la partida de su amigo inglés. Reaccionaron de antemano y rápidamente declararon su rechazo al liderazgo de la coalición franco-alemana. Como su principal temor es una “Europa francesa”, fiscalmente laxa y económicamente dirigista, han decidido resucitar la Liga Hanseática para defenderse bajo la bandera de los Países Bajos.

Países que usan el euro (rojo)

Lo más decepcionante es la divergencia de la propia coalición franco-alemana. Emmanuel Macron está convencido de que Europa lleva sin avanzar treinta años debido al abandono del “método comunitario” de una centralización cada vez más fuerte. En su discurso en la Sorbonne, quería solicitar un importante presupuesto europeo (del que no ha obtenido más que calderilla), y en su Carta a los ciudadanos, ahora propone establecer agencias de asilo, de clima, de innovación y aprobar un tratado de defensa. Annegret Kramp-Karren-bauer, quien debería convertirse en la sucesora de Ángela Merkel en la cancillería, ha respondido ante sus propuestas con un “Nein”. Alemania se aferra a una Europa interestatal y critica el “superestado" al que, a diferencia del presidente francés, concibe como causa principal del populismo. Por esta razón, Alemania se apoyará en los pequeños Estados recalcitrantes para al menos retrasar (versión Ángela Merkel) o rechazar directamente (versión AKK) la “el camino” que quiere seguir Emmanuel Macron.

El resultado es la segunda certeza que teníamos con respecto a la partida inglesa: Europa continuará avanzando, pero lentamente. Sin embargo, la respuesta de AKK a Emmanuel Macron cierra la puerta a una revolución del método, pero lo consolida en su esencia (se trata tanto para ella como para él de defender “el modo de vida y valores europeos”), y está dispuesta a abrirla de nuevo para proyectos concretos sobre la remodelación de Shengen, el clima, la tecnología, un poco sobre la fiscalidad, y, más inesperadamente, sobre África. Lo cual, en realidad, ira al mismo ritmo, sin prisa pero sin pausa.

Eric Le Boucher

Trad. Andrea Falaguera



 


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